Cargo en mí los costales oscuros,
la hiedra rabiosa,
el mármol vetusto.
Sufro de una parsimonia antigua,
de un enredo de claveles
de un lejano laberinto.
Paso entre túneles vacíos,
entre piedras animosas,
entre vírgenes de esquina.
Solo en la neblina distingo tus redes caídas,
tus hebras de plata,
tu amor desterrado.
No volveré a los viejos zaguanes
no inventaré tristes ocasos
hoy la muerte es seca y anda con mis párpados.

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